
Dentro del programa de teatro experimental propuesto por la dirección del Instituto Guatemalteco Americano (IGA), en alianza con el grupo Aquelarre Teatro Contemporáneo, se ha conformado una tradición los días martes: la de ver un teatro diferente al que usualmente se aprecia en los cafés teatros y salas sin objetivos consecuentes con las artes escénicas como expresión puntera de cultura. La acción, que va para su sexto año lleva la meta de reforzar con ello la búsqueda de una nueva expresión más artística y comprometida con las tablas y el público nacional.
La primera propuesta del año la conforma: EL HUÉSPED.
Esta obra es un drama de corte político. La adaptación por Roberto Arana, cuya misión luce más educativa que comercial, fue necesaria para poder adaptar el trabajo al contexto nacional y a la Guerra Interna. Aunque la base sea la trama de Pedro y el Capitán (Mario Benedetti), los contenidos se ajusten a sucesos acaecidos en Guatemala y que se abordan desde otra perspectiva menos literaria y por qué no anotarlo, romántica. Para reforzar el libreto se incluyeron textos aportados por Daniela Castillo, Guillermo Monsanto (de Aquelarre igual que Arana) y Teo Rodríguez.
El elenco lo encabeza uno de los actores más visibles del teatro contemporáneo guatemalteco: Juan Diego Rodríguez. Su energía, la capacidad con la que desempeña su rol de torturador y los matices que ha impreso al personaje reflejan, sin lugar a dudas, la oscuridad inherente al perfil de este tipo de inhumanos a nivel histórico. Es entonces su propuesta la que más se aleja de la visión -un tanto rosa- de Benedetti para crear una veracidad más dramática y profunda con una de las realidades más tristes de la historia nacional.
María José Batres, miembro del CETAU (formado por la desaparecida Consuelo Miranda) toma el papel de Aurora, la esposa de Pedro, alias Rómulo. Este personaje se hacía necesario para conectar el mundo exterior, su angustia y al mismo tiempo dar un matiz humano al conjunto dramático. Su papel reflexivo a la entrada y al final de la pieza cumple con su misión de tocar la sensibilidad del público y despertar sus conclusiones.
El estudiante y activista quedó en las manos de uno de los aquelarres más activos del grupo. El propio Roberto Arana. Su cercanía con el texto y la pasión con la que defendió su puesta en escena le otorgaron una energía distinta a su guión y un tono de dignidad para un hombre que ya sabe, desde el principio que está muerto (en el caso del personaje que representa). El clic entre la propuesta sobre el papel de Arana, su entrega al personaje y el suplicio que conlleva estar amarrado por largas horas y la visión directiva que aporta Monsanto, le da a la pieza un sabor diferente al drama. Otro Monsanto integra el equipo creativo. Se trata de Walter. Este músico, con quince años de experiencia, aporta un elemento que puede intuirse como histriónico debido a que el contenido emocional de sus composiciones fueron creadas a partir de las emociones de los actores.
La obra se presentará en el teatro del IGA los días martes de abril, a partir del 20 y estará en cartelera mayo, junio y julio a partir de las ocho de la noche.